
Siempre me han gustado estas fechas, desde niña...
Recuerdo que cuando mis primas, mi hermana y yo éramos pequeñas, cada año pasábamos la Noche Buena en casa de mis abuelos. Pues bien, recuerdo con mucha ilusión esa noche. Cenábamos todos, mis tíos, mis padres, mis primas y yo. Luego cantando villancicos y con los nervios ya a flor de piel, esperábamos ansiosos (sobre todo las peques), que fuesen las 12 en punto de la noche. Mis abuelos tenían un reloj de pared, de esos antiguos, (me encantaba), y justo cuando tocaba las 12 campanadas, picaban al timbre de la puerta. En ese mismo instante, mis primas y yo, nos quedábamos prácticamente inmóviles, con cara de entre sorpresa, ilusión, vergüenza… y nuestros corazones empezaban a latir… Era como si en la parte del pecho, tuviese a un caballo galopando a toda pastilla… ¡¡Parecía que el corazón se me salía!!
Alguno de los “mayores”, iban a abrir la puerta, ¡¡era Papá Noel!! Había venido a traernos personalmente los regalos a casa de mis abuelos… ¡Genial!
Venía andando despacito, con el saco a la espalda y nos sonreía y acariciaba con una extrema dulzura a cada una de nosotras. Nunca hablaba, solo con gestos dulces, sonrisas y miradas cómplices. Dejaba el saco allí y se iba lentamente, diciendo adiós con la mano.
Mientras todos observábamos como se iba, se hacía el silencio más absoluto… Y en cuanto oíamos la puerta del piso que se cerraba, nos abalanzábamos todas al saco para coger los regalos. Era un momento “¡mágico!”
Al cabo de los años, supe que quien se vestía de Papá Noel y venía a casa, ¡era mi abuela! (fíjate, ¡¡ninguna de las nietas la echábamos de menos a las 12 en punto de esa noche mágica!!). Evidentemente, luego se cambiaba de ropa y venía a la sala, mientras todos abríamos los regalos.
Siempre me han encantado estas fechas. La Noche Buena, el día de Navidad, reuniéndote con la familia, (al igual que el día de Reyes), la noche de Fin de Año, (en la que por cierto, paso unos nervios de mil demonios ya 10 minutos antes de las 12h en punto… ¿qué por qué?, pues no tengo la más remota idea, pero me entran unos nervios mezclados con pena (por dejar un año atrás) y con alegría (de estrenar un año nuevo)… Y ese momentazo de después de las uvas, felicitando el año con fuertes abrazos y besos, brindando todos porque ese año que acaba de empezar, sea especial y mejor que el anterior… Ainssss… ¡Sencillamente precioso!
El año pasado, debido a mi reciente separación, no lo disfruté nada… Echaba muchísimo de menos al que fue mi pareja… Este año, en cambio, me he propuesto verlo de otra manera… La vida sigue, y si siempre he disfrutado de estas fechas, ¿por qué no hacerlo también este año?
Así que hoy mismo, he decidido ir a comprar adornitos de Navidad, para adornar la casa, y ya solo comprándolos, he disfrutado de lo lindo… Imagínate cuando me ponga a adornar el piso… ¡¡No disfrutaré ni ná!!
Huele a Navidad, sí, en la calle, en las tiendas, en mi casa y en mi corazón.
¡¡Felices fiestas a todos!!
Recuerdo que cuando mis primas, mi hermana y yo éramos pequeñas, cada año pasábamos la Noche Buena en casa de mis abuelos. Pues bien, recuerdo con mucha ilusión esa noche. Cenábamos todos, mis tíos, mis padres, mis primas y yo. Luego cantando villancicos y con los nervios ya a flor de piel, esperábamos ansiosos (sobre todo las peques), que fuesen las 12 en punto de la noche. Mis abuelos tenían un reloj de pared, de esos antiguos, (me encantaba), y justo cuando tocaba las 12 campanadas, picaban al timbre de la puerta. En ese mismo instante, mis primas y yo, nos quedábamos prácticamente inmóviles, con cara de entre sorpresa, ilusión, vergüenza… y nuestros corazones empezaban a latir… Era como si en la parte del pecho, tuviese a un caballo galopando a toda pastilla… ¡¡Parecía que el corazón se me salía!!
Alguno de los “mayores”, iban a abrir la puerta, ¡¡era Papá Noel!! Había venido a traernos personalmente los regalos a casa de mis abuelos… ¡Genial!
Venía andando despacito, con el saco a la espalda y nos sonreía y acariciaba con una extrema dulzura a cada una de nosotras. Nunca hablaba, solo con gestos dulces, sonrisas y miradas cómplices. Dejaba el saco allí y se iba lentamente, diciendo adiós con la mano.
Mientras todos observábamos como se iba, se hacía el silencio más absoluto… Y en cuanto oíamos la puerta del piso que se cerraba, nos abalanzábamos todas al saco para coger los regalos. Era un momento “¡mágico!”
Al cabo de los años, supe que quien se vestía de Papá Noel y venía a casa, ¡era mi abuela! (fíjate, ¡¡ninguna de las nietas la echábamos de menos a las 12 en punto de esa noche mágica!!). Evidentemente, luego se cambiaba de ropa y venía a la sala, mientras todos abríamos los regalos.
Siempre me han encantado estas fechas. La Noche Buena, el día de Navidad, reuniéndote con la familia, (al igual que el día de Reyes), la noche de Fin de Año, (en la que por cierto, paso unos nervios de mil demonios ya 10 minutos antes de las 12h en punto… ¿qué por qué?, pues no tengo la más remota idea, pero me entran unos nervios mezclados con pena (por dejar un año atrás) y con alegría (de estrenar un año nuevo)… Y ese momentazo de después de las uvas, felicitando el año con fuertes abrazos y besos, brindando todos porque ese año que acaba de empezar, sea especial y mejor que el anterior… Ainssss… ¡Sencillamente precioso!
El año pasado, debido a mi reciente separación, no lo disfruté nada… Echaba muchísimo de menos al que fue mi pareja… Este año, en cambio, me he propuesto verlo de otra manera… La vida sigue, y si siempre he disfrutado de estas fechas, ¿por qué no hacerlo también este año?
Así que hoy mismo, he decidido ir a comprar adornitos de Navidad, para adornar la casa, y ya solo comprándolos, he disfrutado de lo lindo… Imagínate cuando me ponga a adornar el piso… ¡¡No disfrutaré ni ná!!
Huele a Navidad, sí, en la calle, en las tiendas, en mi casa y en mi corazón.
¡¡Felices fiestas a todos!!




