jueves, 5 de noviembre de 2009

Un sábado...


Iba a pasar el fin de semana fuera, en un apartamento que tienen no muy lejos de Barcelona. Se fue como muchos otros fines de semana, con su mujer y sus padres. Después de desayunar, empezó a sentirse mal, pero pensó que enseguida iría encontrándose mejor. Así pues, emprendieron el camino. Durante el viaje, se encontró algo peor. Su mujer era la que conducía y sus padres estaban en la parte trasera del coche. Al comentar que no se sentía bien, su madre le dijo:

- Vente aquí detrás y que papá se siente delante, aquí podrás medio tumbarte y a ver si te vas encontrando mejor.

Así lo hicieron. Él se sentó junto a su madre y su padre pasó al asiento del copiloto.

Su mujer dijo:

- Si no te encuentras bien, mejor volvemos a Barcelona.

Llevaban poco trayecto todavía y dieron marcha atrás.

Él se medio acurrucó y apoyó la cabeza sobre el hombro de su madre. Al ver que no mejoraba, su mujer decidió llevarle al hospital. Se quedó quieto, tranquilo. Lamentablemente, cuando llegaron, él ya había fallecido…

Esto que os cuento le sucedió a una familia muy querida por mí y los míos. Una familia del centro donde hacemos teatro. Él no llegaba a los 50 años. De hecho, creo que estaba más cerca de los 45.

Se fue así, de repente. ¿Quién les iba a decir a esos padres, a esa mujer y a sus hijas, que no estaban ni siquiera con él en ese momento, que su vida terminaría así, que su vida terminaría ese fatídico sábado?

Se llamaba Carles y hoy ha sido su santo.
Desde aquí, Carles, quiero decirte algo que nunca te dije, quiero decirte que siempre siempre siempre estarás en mi corazón. Tu generosidad y dedicación en todos y cada uno de los trabajos que realizaste para la entidad de la que somos socios, para muchas personas pasó inadvertida debido a tu discreción y debido a tu poco afán de protagonismo, que te hacía aún más especial. Pero somos muchas las personas que sabemos que allí estabas, dando el callo como el que más y haciéndolo siempre con ganas y entusiasmo.

Por eso, este fin de semana, la vida ha vuelto a enseñarme algo. Es cierto que cuando pierdes a alguien, te das cuenta de la cantidad de cosas que querías haberle dicho y que nunca le dijiste. Por eso, no nos tiene que costar tanto decirles a los nuestros todo lo que pensamos de ellos, todo los buenos ratos que nos han hecho pasar, todas las lecciones que sin ni siquiera saber nos han dado a lo largo de sus vidas. Digamos más a nuestros seres queridos que les queremos, que sepan lo importantes que son para nosotros. Hagámoslo, porque llegará un día en que podemos arrepentirnos de no haberlo hecho.

4 comentarios:

㋛۞¤ ๋•♣♠El Miedoso♠♣ ๋•¤۞㋛ dijo...

\\\///
(O_O)
Una historia muy triste, pero tienes razon, hay que expresar de mejor manera nuestros sentimientos. La vida es una sola.
Un abrazo

africa dijo...

Muy dura a entrada de hoy LUNA pero nos enseña que no debemos nunca dejar de decir todo lo que queremos a las personas que tenemos a nuestro alrededor, la vida es así, ahora estas y dentro de un rato quién sabe!, buffff mejor no pensarlo, que pases un buen dia niña.
AFRICA04

Velvetina dijo...

Hay muchas historias como la que nos cuentas, siempre hay alguien cerca a quien le ha podido suceder algo similar y entonces ¡es cuando nos dan esas tremendas ganas de coger al toro por los cuernos!...

… Desde que comencé a salir de “mi problema”, me propuse cambiar; entre uno de esos cambios estaba el de no callarme nada. Lo mismo el decirle a una persona que la quiero, que decirle a otra que la necesito e incluso pedir que me perdonen si es preciso. Me he dado cuenta de que si yo con esta actitud mantengo tranquila mi conciencia, ¡no me importa que sus respuestas no sean las que yo deseara! porque al fin y al cabo ¡está dentro nuestra los anhelos por nuestras acciones o por nuestras palabras!. Eso sí, hay un lenguaje no verbal que en ocasiones puede expresar mucho más que una sentida frase, ¡este puede ser invisible pero resulta aún más maravilloso!.

Un abrazo

Velvetina

Jacquie. dijo...

LUNI, pero qué nos cuentas?. Qué triste historia, me has dejado sin palabras...

La verdad es que, ¡que poco decimos "te quiero", cuando sabemos que lo sentimos...
Por eso siempre te digo amiga, que la vida solo se vive una vez y sólo vale la intensidad de amor que nos llevemos, pues ¿hay algo mejor en la vida que amar y ser amado?, para mi no.
Un fuerte abrazo querida amiga.
Jacquie.

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